A lo largo de mi trayectoria artística, como Jordi Machí, he comprobado que el arte no nace de la eficiencia, sino de la duda, del error y del tiempo perdido en apariencia. Los grandes movimientos artísticos no surgieron porque el mercado los pidiera, sino porque alguien necesitaba expresarse, romper una norma o mirar el mundo desde otro ángulo. Reducir el arte a un complemento decorativo o a un hobby es desconocer su función histórica y social.
Entiendo el contexto: inteligencia artificial, ingeniería, ciencias duras, competitividad global. Todo eso es real y no lo niego. Pero hay una trampa peligrosa en este discurso. Pensar que el futuro se construye solo desde la técnica es olvidar que la técnica, sin pensamiento crítico ni sensibilidad, se convierte en una herramienta vacía. ¿Quién diseña las imágenes que consumimos? ¿Quién da forma a los símbolos, a los relatos, a la estética que define una época? Eso también es poder, aunque no cotice en bolsa.En mi obra suelo explorar la fragilidad humana, la contradicción, lo imperfecto. No porque sea una elección estética gratuita, sino porque ahí reside lo verdaderamente humano. Si las universidades dejan de formar artistas, no dejarán de existir imágenes, pero sí dejarán de existir miradas entrenadas para cuestionarlas. Y eso, a largo plazo, empobrece a cualquier sociedad, por muy avanzada tecnológicamente que sea.
¿Es esto el futuro? Puede que sí. Pero que algo sea “el futuro” no lo convierte automáticamente en deseable. Yo, como artista y como persona, no puedo celebrarlo. Me preocupa profundamente que se pierda la pureza del arte entendida no como algo elitista, sino como un espacio libre, no instrumentalizado, donde pensar y sentir sin un objetivo productivo inmediato.
¿Qué tipo de mundo estamos construyendo si decidimos que el arte ya no merece un lugar central en la educación? Tal vez aún estemos a tiempo de replantearlo. El arte siempre ha resistido, pero cada vez que lo arrinconamos, nos empobrecemos un poco más como colectivo.
VIVA EL ARTE ARTSANO!
Jordi Machí





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