El viernes 30 de octubre, el Museo Picasso Málaga abre al público "Munch-Picasso. Influencias y afinidades", la muestra que reúne por vez primera en el museo a Edvard Munch (1863-1944) y Pablo Picasso (1881-1973) con un centenar de pinturas, dibujos y grabados. Podrá verse en el Palacio de Buenavista hasta el 28 de febrero de 2027 y llega acompañada de un catálogo editado por la propia fundación del museo.
Fueron coetáneos, pero nunca llegaron a conocerse. El noruego y el malagueño recorrieron caminos paralelos sin cruzarse, y la exposición no intenta demostrar una influencia directa de uno sobre otro: propone un paseo por las obsesiones que compartieron — el amor, los celos, la muerte, la memoria, la angustia ante el mundo moderno — y deja que sean las obras las que hablen entre sí.
El grito (hacia 1910), 83,5 × 66 cm, témpera y óleo sobre tabla. Munchmuseet, Oslo. Imagen: dominio público, vía Wikimedia Commons.
En Munch, lo personal se vuelve clima. Su imagen más conocida, El grito, condensa esa manera de pintar desde dentro: una figura sobre el puente, el cielo encendido, la naturaleza entera vibrando como un nervio. La versión que reproducimos aquí es la de hacia 1910, conservada en el Munchmuseet de Oslo: la misma idea repetida una y otra vez, como quien vuelve sobre un recuerdo que no se deja cerrar.
La niña enferma (1885-1886), 120 × 118,5 cm, óleo sobre lienzo. Museo Nacional de Noruega, Oslo. Imagen: dominio público, vía Wikimedia Commons.
Esa insistencia nace de una biografía marcada. Munch perdió a su hermana Sophie por tuberculosis cuando era un niño, y La niña enferma (1885-1886) convirtió aquel duelo en uno de los motivos que reharía durante décadas. Picasso tuvo su propia detonación: el suicidio de su amigo Carles Casagemas
en París, en 1901, abrió el Periodo Azul. Dos heridas distintas, y una misma certeza: la pintura como el lugar donde lo que no se puede decir encuentra forma.
Patio del Palacio de Buenavista, sede del Museo Picasso Málaga. Foto: Roderich Kahn, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
La cita es en Málaga, en el Palacio de Buenavista, un edificio renacentista cuyo patio ya justifica parte de la visita. "Munch-Picasso. Influencias y afinidades" se inaugura el 30 de octubre y permanecerá abierta hasta el 28 de febrero de 2027 en el Museo Picasso Málaga, la institución dedicada al pintor en su ciudad natal.
Merece la pena acercarse a esta exposición sin la idea de un duelo. No se trata de decidir quién influyó a quién, sino de escuchar dos respuestas paralelas a la misma pregunta: qué puede hacer la pintura con el miedo, el deseo y la pérdida. Que el encuentro ocurra en la ciudad donde nació Picasso le da una vuelta más: el artista que se hizo universal recibiendo en casa al pintor que nunca salió del todo de su fiordo.
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